FLUIDO Y FRAGIL | INFRAESTRUCTURA Y PAISAJE EN TERRITORIOS EN TRANSFORMACIÓN

Luis Contenti | Alejandro Recoba

 

Palabras clave

Infraestructura, territorios, paisaje, imagen, imaginario, proyecto

 

INTRODUCCION

Fluido y frágil refiere a condiciones transitorias de la materia, la energía y la información, a procesos y equilibrios circunstanciales que se expresan en formas provisorias; también refiere a un modo de abordaje de las infraestructuras en un contexto de transformaciones crecientes, cada vez más exigentes desde el punto de vista productivo, ambiental y cultural.

Esa lógica  subyacente en la naturaleza y el Paisaje establece las bases de estéticas en las cuales el proyecto encuentra sus argumentos en la correspondencia entre las formas y los procesos que la generan, en la temporalidad, en variaciones de intensidad, en relaciones topológicas transescalares y ya no solo en la visualidad pura, en la geometría abstracta o en modelos de eficiencia.

 

Las infraestructuras son en su definición más básica redes y nodos que transportan y/o almacenan materia, energía e información. Son dispositivos que organizan y condicionan el relacionamiento de la sociedad con su espacio vital, consolidando una cierta idea de desarrollo y progreso vinculada con su capacidad productiva. Las infraestructuras establecen dominios -públicos y privados-, producen territorios y paisaje.

El concepto de infraestructura es abstracto, amplio y virtual, en tanto nudo problemático que reclama una solución o actualización; puede adoptar la forma de un parque eólico, una terminal portuaria o una red de transporte de energía, de datos, de materia prima o personas, entre otras.

 

El paisaje, por otra parte, debe entenderse como algo más que una escena o un bien a recuperar, proteger o potenciar; debería entenderse como una plataforma, como un paradigma desde el cual es posible comprender y operar en territorios en transformación.

El proyecto se concreta y define en una actualización, en el agenciamiento del concepto infraestructura en un territorio determinado; este salto -de lo fluido a lo sólido, de lo virtual a lo actual, de lo diagramático a lo material y específico- es crítico ya que es en esta instancia donde se vuelve objeto aprehensible y perceptible, donde se vuelve Paisaje. Cabe preguntarse entonces ¿dónde encontramos las claves para proyectar las infraestructuras desde el paradigma del paisaje? ¿Esta aproximación debe ser estratégica, táctica o ambas a la vez?

 

Este artículo aborda alguna de las múltiples y complejas relaciones que las infraestructuras establecen -como proyecto- con el territorio, el paisaje y el dominio público.

Se asume la hipótesis de que lo infraestructural -en tanto Paisaje- es una invención reciente, análoga a la invención -moderna- de la ventana, el bosque, la montaña o el desierto. Siguiendo a Roger[1], se parte de la idea de que el paisaje es una doble construcción estética y cultural, insitu e in visu, operando simultáneamente en el territorio y en la esfera pública. El proyecto infraestructural como proyecto de paisaje debería desplegarse entonces en ambos campos y ser capaz de generar una Imagen-Paisaje válida en las diferentes escalas. Se adopta entonces la idea de imagen propuesta por Corner[2], como construcción de una imagen/imaginación/imaginario que trasciende la pura visualidad y su representación geométrica.

1. EL PAISAJE COMO PLATAFORMA

El paisaje es un concepto recurrente en diversos discursos. La amplitud de lo que involucra hace de éste un término al que frecuentemente se apela para referir a formas de habitar y construir en relación con lo que llamamos Naturaleza. Paisaje y Naturaleza son constructos que han evolucionado históricamente ligados al Habitar, a experiencias vitales o estéticas así como a diversas formas de representación.

El Paisaje es simultáneamente una representación cultural mediada por la pintura, postales y spots publicitarios así como un sistema complejo que incluye naturaleza y cultura en una totalidad en cierta medida objetivable; implica una experiencia sensible no objetivable, un territorio -o su imagen-producido social e históricamente y un objeto de proyecto. [3]

El paisaje se constituye a su vez como un continuum en diferentes escalas espaciales y temporales. Un paisaje emerge simultáneamente del panorama de una ciudad y de cada una de las construcciones que la conforman, emerge en la temporalidad efímera de un acontecimiento rutinario y de la temporalidad histórica de un acontecimiento excepcional. Esta multiplicidad de dimensiones y de relaciones transescalares hacen del Paisaje un concepto difícil de abordar sintética e integralmente.

 

Cuando nos desplazamos del paisaje como objeto de contemplación al paisaje como objeto de acción surgen nuevos desafíos: justificar la necesidad de esa acción y determinar el sentido de la misma. Esta acción que puede operar en el territorio y/o en la esfera pública (público-institucional, público-socio-cultural) lleva implícito un proyecto de paisaje.

Proyectar el Paisaje según Besse, significa ponerlo en imágenes, describirlo, representarlo (proyección) y a la vez imaginar lo que podría llegar a ser (proyectación); dicho de otro modo proyectar el paisaje significaría según este autor captar movimientos latentes no visibles y volverlos perceptibles e inteligibles creando un nuevo sentido a partir de allí.[4]

 

El paisaje implica un conjunto de relaciones complejas que exceden la escena concreta y el territorio acotado y mensurable en el cual se inscribe y por lo tanto un paisaje suele ser más que una escena conmovedora o vista característica capaz de generar adhesiones e identidad en una comunidad.

La idea del paisaje como escena, valor o bien a proteger, potenciar o recuperar, implica de cierta forma un recorte en el concepto de Paisaje impuesto por la propia lógica de los instrumentos que lo abordan y que necesitan de una definición cuantitativa y territorial para ser operativos.

 

Entender el Paisaje como Plataforma implica asumirlo como un soporte amplio capaz de construir sentido en diferentes escalas y dimensiones, territoriales y no territoriales.  Una plataforma además de una superficie-soporte que permite acceder a otros lugares o acontecimientos podría definirse como algo que hace posible que otras cosas sucedan, habilitando procesos diversos.

Concebir el paisaje como plataforma, implica pensarlo desde la acción, como forma de estar y construir el mundo, como proceso vivo y continuo. Desde esta perspectiva una escena o una imagen de paisaje no sería el Paisaje, sí parte de él; sería un emergente circunstancial y provisorio de ese mundo – de flujos y equilibrios frágiles- en construcción continua.

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  1. EL PAISAJE INFRAESTRUCTURAL COMO INVENCION RECIENTE

 

El desarrollo infraestructural surge como urgencia en Uruguay hoy en directa relación con su desarrollo productivo. El término “infraestructura” incluye redes invisibles que transportan suministros o deshechos pero también estructuras ostensibles-terminales, rutas de carga y transporte, plantas productoras de energía en todas sus formas- que vuelven visible y aprehensible esta expansión productiva representándola. Se produce entonces un desplazamiento de su fin último desde un plano estrictamente operativo, funcional y territorial a un plano simbólico no territorial que constituye la esfera sociocultural. Es en este desplazamiento donde lo infraestructural se vuelve Paisaje.

 

En su “Breve tratado de Paisaje” Alain Roger propone para comprender como se ha construido el concepto de Paisaje en occidente el término “artealización”. Utiliza este neologismo para referirse a la valoración estética de la naturaleza y del territorio que afectando simultáneamente al modo de operar en éstos (in situ) y a la forma de mirarlos y verlos (in visu), transforma al País (naturaleza o territorio no apreciado estéticamente) en Paisaje.[5]

En este sentido para Roger la invención de la ventana en la pintura del quattrocento es un hecho crucial en la génesis del paisaje occidental tanto como la invención del campo modelado por la pintura flamenca, la invención de la montaña en el siglo XVIII en la cual poetas y viajeros contribuyeron en buena medida, el desierto creado por los westerns de la industria cinematográfica estadounidense en el siglo XX o el mar entre otros. La construcción del concepto Paisaje asociada a esta sucesión de invenciones se corresponde con el surgimiento de nuevas categorías estéticas que progresivamente han habilitado nuevas sensibilidades.

Por otra parte también en Estados Unidos, desde mediados del siglo XX obras como la construcción de autopistas en Manhattan llevada adelante por Robert Moses y las represas del Valle del Tennessee[6], de manera muy diferente uno y otro contribuyeron a la visualización de lo infraestructural como productor de Paisaje.

 

El paisaje del Uruguay del siglo XX se ha construido desde discursos provenientes de diversas disciplinas y artes (Geografía, Antropología, Literatura, Música, Arquitectura, Cinematografía o Publicidad) pero también de experiencias vitales anónimas, de viajes por carreteras ondulantes y ferrocarriles lentos atravesando praderas amables y despobladas.

 

El siglo XXI está sobrescribiendo rápidamente ese paisaje dando lugar a otros nuevos signados por fuertes contrastes de todo tipo y por la emergencia de lo infraestructural que produce fuertes transformaciones a gran escala en lapsos de tiempo muy breves.

 

Estas transformaciones de nuestro espacio vital -con todas sus implicancias- ocurren simultáneamente en el territorio y en nuestra cultura uruguaya, en como las percibe y “artealiza”, in situ e in visu, constituyéndose como Paisaje.

El paisaje infraestructural se asocia a estéticas en las cuales se ponen en valor las operaciones lógicas, el programa, el proceso y la performance por encima de otras consideraciones. En este sentido podría decirse que las infraestructuras en tanto paisaje son una invención reciente en Uruguay.

 

En muchos casos, las infraestructuras son pensadas desde lógicas productivistas ignorando el rol que estas tienen en la configuración territorial y paisajística. Si el paisaje es entendido como mera visualidad, este solo cuenta como objeto impactos a ser mitigados.

 

Cabe preguntarse entonces ¿dónde encontramos las claves para proyectar las infraestructuras desde el paradigma del paisaje?

 

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3. EL PAISAJE INFRAESTRUCTURAL COMO PROYECTO

En los últimos años, a partir de un conjunto de reflexiones y prácticas a las que Charles Waldheim denominó landscape urbanism[7] (urbanismo paisajista) el paisaje emerge como un paradigma desde el cual es posible operar en los territorios contemporáneos, caracterizados por redes de infraestructuras y urbanizaciones de fuerte desarrollo horizontal. En estos territorios el paisaje asumiría el rol de organizador integrando principios ecológicos, ingenieriles y económicos entre otros.

 

Por otra parte, al tiempo que se ha venido dando un cambio en la conceptualización del paisaje visto desde lo infraestructural, ha ido cambiando también la concepción de los sistemas infraestructurales, pasando de un predominio absoluto de las lógicas estratégicas, arborescentes de comportamiento top-down, a la emergencia las lógicas tácticas[8], distribuidas y  rizomáticas, de tipo bottom-up.

 

Asumir la complejidad de los territorios contemporáneos implica abandonar toda pretensión de modelos únicos. Dado que, como dice Stan Allen, las infraestructuras son ante todo pragmáticas, parece razonable que lo que se dé sea una lógica mixta: “la propia infraestructura funciona estratégicamente, pero da pie para la improvisación táctica”. Agrega Allen que las infraestructuras evolucionan en campo un abierto de solicitaciones, se acomodan a la contingencia local al tiempo que mantienen la continuidad general.[9]

 

La consideración de la dimensión temporal,  en este contexto, obliga a abandonar el paradigma de la larga duración -que ha marcado los enfoques más tradicionales del paisaje y probablemente también de la ingeniería- y concentrarse en los fenómenos de corta duración. [10] Esto es particularmente pertinente a los efectos del diseño de infraestructuras concebidas desde la lógica de la “modulación temporal”: El conocimiento sobre el comportamiento de los flujos, sean de transporte vehicular o de agua, así como diversas tecnologías de monitoreo, habilita, desde esta lógica polifuncional, el uso público temporal de espacios tradicionalmente relegados a una única función y sub-utilizados durante la mayor parte del tiempo. De este modo se optimizan los recursos invertidos y se crean nuevas formas de espacio público que, al tiempo que habilitan la integración de nuevos paisajes en el imaginario de los habitantes, informan por la vía de los hechos acerca de las dinámicas naturales y humanas.

 

El cambio de paradigmas tanto en lo que refiere a paisaje, infraestructura y espacio público, viene acompañado de la necesidad de repensar tanto los modos de ideación y de representación y sus implicaciones mutuas.

 

Para James Corner, el modo en que se imagina el mundo condiciona como este es conceptualizado y conformado y, en este sentido, el foco de atención debe estar no en el tipo de imágenes con las que los diseñadores deben trabajar, sino en las imaging activities a ser desarrolladas, entendiendo la noción de imaging como proceso productor de imágenes complejas, que trasciendan la mera visualidad. Para ello, recurre al término eidético para referirse a una concepción mental que puede ser representable por medio de  imágenes, pero que puede ser también acústica, táctil, cognitiva o intuitiva. A su entender, es necesario inventar técnicas de representación -operaciones eidéticas- que permitan interpretar (imaginar) y construir (proyectar) nuevos paisajes.[11]

 

Como ha sido planteado por numerosos autores -Corner entre otros- lo diagramático sustituye a lo analógico a la hora de representar las dinámicas urbanas y territoriales asumiendo la complejidad de escalas espaciales y temporales involucradas y la multiplicidad de factores intervinientes.

 

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4. EL PAISAJE INFRAESTRUCTURAL URUGUAYO COMO PRODUCTOR DE NUEVOS IMAGINARIOS

El paisaje uruguayo ha sido descripto desde la geografía como una “penillanura suavemente ondulada”. Esta imagen, presente en textos escolares, ha definido la construcción del imaginario del paisaje y en buena medida de la identidad nacional: sin grandes contrastes, mesurada. Es decir, un paisaje bello, aprehensible principalmente por medio de la vista, que requiere de la percepción distanciada, culta, “paisajística” de quien se entrega al placer de su contemplación. Este paisaje de vistas más o menos lejanas, de suaves praderas con ganadería extensiva, y tramados sutiles de tierras cultivadas, pautado por algunas cortinas de árboles y surcado por arroyos, reside aún en el imaginario de los habitantes urbanos y de hecho, hasta hace poco tiempo, lo que observaba el viajero distraído a través de su ventanilla se asemejaba bastante a esta imagen. Un paisaje que se mira y no se toca, ni se huele, ni se trabaja, un imaginario visual, una postal detenida en el tiempo, un landskip[12] sentimental que no comporta ninguna promesa de futuro

 

Las transformaciones territoriales en curso asociadas al desarrollo infraestructural pueden estar haciendo emerger otros paisajes posibles, portadores de promesas de futuro y configurando nuevos imaginarios cargados de significados y de compromisos -es decir un landschaft  contemporáneo.

 

Los parques eólicos, al requerir ser ubicados en las zonas altas para su desempeño óptimo, han producido una ruptura con el paisaje bucólico de la serranía. Este energyscape, sobrepuesto al suavemente ondulado, puede estar iniciando un imaginario asociado a otra idea de naturaleza, no aquella externa al hombre sino una de la cual éste forma parte y en cuyo destino incide con sus acciones. Este paisaje productor de energía y de conciencia, emergente de otra forma de habitar el mundo, puede llegar a ser considerado además de bueno, también bello. Quizás, sea el momento de asumir con imaginación la construcción del paisaje y de los imaginarios por venir.

 

 

Luis Contenti (Montevideo, 1974). Arquitecto desde 2003 (FArq-Udelar). Altos Estudios en Paisajismo (IUB).  Integra el equipo docente del curso Teoría del Paisaje II de la LDP

 

Alejandro Recoba (Montevideo, 1967). Arquitecto desde 1998 (FArq-Udelar). Altos Estudios en Paisajismo (IUB). Es docente del Taller Articardi y en los cursos Técnicas y Procedimientos Constructivos  I y II

de la LDP.


[1]            Ver A. Roger, Alain. Breve tratado del paisaje, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2007

[2]                 Ver J. Corner (ed.). “Eidetic operations and new landscapes”. En su: Recovering Landscape.  pp.152-169. Princeton Architectural Press, New York, 1999

[3]    J.M. Besse. “Las cinco puertas del paisaje”. En: J. Maderuelo [dir.]. Paisaje y pensamiento. pp. 145-171. Abada Editores, S.L.  Madrid, 2006.

[4]    J. M. Besse op. cit. p.168.

[5]    A. Roger. Op. Cit. pp. 21- 25

[6]    Se trata de un conjunto de represas hidroeléctricas de cuidado diseño concebidas como espacios visitables.

[7]    Ver Ch. Waldheim, editor. The Landscape Urbanim Reader. Princeton Architectural Press, New York, 2006

[8]    Ver M. de Certeau. La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer.  pp. XLIX Y L. Univerdidad Iberoamericana. Biblioteca Francisco Xavier Claviegero, Mexico, 2000

[9]    S. Allen. “Urbanismo infraestructural”. En: J. García-Germán (ed). De lo mecánico a lo termodinámico. Por una  definición energética de la arquitectura y del territorio.  pp. 179-180 Gustavo Gili. Barcelna, 2010

[10]  Ver D. Hiernaux. “Paisajes fugaces y geografías efímeras en la metrópolis contemporánea”. En: J. Nogué. La construcción social del paisaje. pp. 241-262. Biblioteca Nueva, S.L.. Madrid, 2007.

[11]              J. Corner (ed.). “Eidetic operations and new landscapes”. En su: Recovering Landscape.  pp.152-169. Princeton Architectural Press, New York, 1999

[12]  J. Corner. op. cit. recurre a los antiguos términos landskip (inglés) y landschaft (alemán) para exponer diferentes modos de concebir el paisaje: Mientras que landskip remite al paisaje como estratagema primariamente visual y a veces también icónica o significante, el landschaft puede entenderse como medio ocupado, con los significados acumulados a lo largo del tiempo resultado del uso y del compromiso de los habitantes.